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Orden de San Agustín

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¡Señor mi Dios, qué grande eres y cómo construyes tu casa en los humildes de corazón! Eres tú el que eleva a los indigentes y eres su grandeza.
(Confesiones 11,31)
Si son hijos de Dios, haz que entiendan que están movidos por Dios, para que puedan hacer lo que debe ser hecho. Y cuando lo hayan hecho, haz que den gracias a aquél por medio del cual lo hacen.
(Perdón de los pecados 4)
Recuerda, hay uno que te escucha, no dudes en rogarle. El está dentro de ti. Sólo tienes que purificar los más secretos rincones de tu corazón. El es el Señor nuestro Dios.
(Coment.Ev.san Juan, 10,1)
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Hacia Una Espiritualidad De La Animación De JPIC

Justicia, Paz E Integridad De la Creación

Gearóid Francisco Ó Conaire OFM
Secretario ejecutiva de la comisión de JPIC (USG/UISG)
Conferencia agustiniana de justicia y paz, julio 2011, Villanova University

Introducción

La Iglesia enseña que el compromiso cristiano por la transformación del mundo es parte esencial del anuncio del Evangelio (Cf. Centesimus Annus 5e-f). El papel del animador de JPIC consiste en crear conciencia del sufrimiento y de las injusticias que existen en el mundo, siendo él mismo sensible y consciente de los efectos que la intolerancia y la codicia causan a los más débiles y fomentando iniciativas evangélicas que alivien las penas y afronten las causas de la marginación. Todo esto, naturalmente, no puede hacerlo solo. Necesita apoyo de los herman@s y de las instituciones, y ha de tener una espiritualidad robusta y en continuo desarrollo. Quisiera ilustrar ocho aspectos de esta espiritualidad.

1. El Animador

La principal responsabilidad del coordinador (comisión) de JPIC consiste en animar a los hermanos a empeñarse en los temas relativos a la justicia y la paz: convencer a los hermanos -con palabras, hechos e ideas- de que la JPIC no es algo «opcional», sino parte integrante de nuestra vocación religiosa. JPIC no es una responsabilidad exclusiva de quienes han sido designados sus coordinadores o animadores: todos los hermanos están llamados a vivir, personalmente y como miembros de una comunidad religiosa, los valores de JPIC. Existe el peligro de etiquetar a las personas: trabaja en la pastoral juvenil, en la pastoral social, en la pastoral familiar… Sin duda, hay que distribuir las responsabilidades, pero, al mismo tiempo, hemos de ser conscientes de los riesgos que esto puede entrañar. Normalmente se dice: «¡Todos los hermanos somos responsables de las vocaciones!» Y así es en teoría. Pero luego, en la práctica, todo el peso recae en aquel a quien se ha encargado esta tarea. Cuando tiene éxito, el mérito es de todos; cuando no lo tiene, la culpa es sólo suya. Si la comisión de JPIC no desempeña su papel de animación, la JPIC no tendrá un desarrollo positivo en los servicios que presta el instituto religioso. El animador de JPIC debe plantearse, al menos, estas tres preguntas:

  • ¿Qué hago para fomentar los valores y los proyectos de JPIC en la vida y en la actividad pastoral de la communidad religiosa?
  • ¿Cómo puedo ayudar a los hermanos con un servicio concreto de JPIC?
  • ¿Qué temas, que la communidad provincial o local no es capaz o no quiere asumir, debe afrontar la comisión?

El liderazgo de muchas congregaciones está convencido de que JPIC es parte integrante y constitutiva del carisma de su congregacion. La animación de JPIC requiere, en primer lugar, apertura - nuestra y de nuestras communidades- a los marginados, escucha atenta del llanto de los pobres, sentir la presencia y la mirada del rostro de Jesús crucificado, pobre y humilde en el leproso de hoy. Sería un grave error considerar la animación de JPIC como algo funcional, enfocado sobre todo a resolver las desigualdades e injusticias existentes en nuestras communidades y, posteriormente, fuera de nuestras communidades.

¿Cómo podemos comparar las injusticias que sufre la mayoría de la humanidad con las que existen en nuestras communidades, aunque sean alarmantes? Si nos sentimos afectados por el sufrimiento de los marginados, se pondrán en tela de juicio nuestras estructuras, nuestros ministerios y aquellos a quienes servimos.

2. El Amor A Jesús

¿Qué es lo que mantiene en su empeño a un animador de JPIC? Su horizonte es el amor a Jesús y el amor a los pobres, simbolizados en la fotografía, existente en la sede de la oficina de OFM- JPIC de Roma, de un niño refugiado que camina descalzo llevando al hombro un saco que contiene todos sus bienes, y a cuyos pies figura la leyenda: «Se ha visto envuelto en la guerra de otros». El animador de JPIC debe servir a Jesús en los más excluidos y vulnerables de nuestro mundo, animando a los hermanos a vivir los valores de JPIC y a incluirlos en su ministerio.

El animador de JPIC debe cultivar una relación intensa con Jesús. Si no posee una vida de oración sólida, equilibrada y tenaz, acabará cansándose, desanimándose, rebelándose y/o perdiendo la perspectiva de su carisma. Los animadores de JPIC no son agentes sociales. La salida de la congregacion de un animador or una animadora de JPIC tiene consecuencias institucionales, pues hace más lento el proceso de interiorización de JPIC como parte constitutiva de nuestra vocación religiosa. Los hermanos jóvenes, entusiastas de la dimensión social del Evangelio, apasionados por un mundo mejor, son para mí motivo de alegría y de preocupación a la vez: de alegría, pues son una señal positiva para el futuro de la congregation; y de preocupación, pues JPIC es un compromiso que entraña riesgos y equívocos, acontecimientos que inducen a muchos a elegir, fuera de la congregacion, otros caminos para servir a los pobres y desheredados de nuestro mundo.

3. El Amor A Los Hermanos

El mejor animador/a no es necessariamente el más capaz o el más preparado técnicamente, sino aquel que ama a los hermanos de su congregacion, no obstante la resistencia y la falta de repuesta de éstos a los valores de JPIC. La necesidad puede inducir a un hermano/a a pedir apoyo y a demostrar aprecio sincero cuando lo recibe. Esto es un buen resorte para la colaboración. El animador/a que ama a sus hermanos en la congregacion se las ingeniará para encontrar modos de animarlos, estimularlos y empujarlos a preocuparse más por los marginados. Y lo hará sin obligarlos ni ridiculizarlos. En cualquier apostolado y en todas las fases de su vida, todos los hermanos están realizando algo que se relaciona con JPIC, aunque no lleve la etiqueta de JPIC.

El animador/a respetuoso reconoce esta realidad y construye sobre ella. La animación es una actividad que brota del amor.

4. Amor A Los Pobres Y Marginados

Mons. Helder Camara subrayaba una cualidad vital del animador/a de JPIC. Decía: «Cuando doy pan a los hambrientos, me llaman santo; cuando pregunto por qué no tienen pan, me llaman subversivo». El amor a los pobres es central para el trabajo de animación de JPIC. No se trata de un amor exclusivo, sino de un amor que encauza la mayor parte de las energías, recursos, esfuerzos y proyectos al servicio de los pobres y con los pobres, en su lucha por la vida y la dignidad. El animador, además de atender a las necesidades humanitarias inmediatas, debe estimular la reflexión para salir al paso de las estructuras injustas y ponerlas en cuestionamiento.

5. Espíritu De Colaboración

Todavía hace falta recorrer mucho camino para lograr un verdadero espíritu de colaboración. Parece como si en la congregacion hubiera una dicotomía entre las palabras y la colaboración real. ¿Hasta qué punto distinguimos al individualista de quien está animado por el espíritu de colaboración? Una hermana tiene espíritu de colaboración si: consulta a los demás, programa con los demás, reconoce la importancia de trabajar con los demás, delega responsabilidades, revisa sistemáticamente cómo trabaja, entiende el lide-razgo no como prestigio y poder sino como servicio, fomenta la responsabilidad de los demás, se alegra cuando los otros hacen bien su trabajo y tienen éxito, los anima, reconoce sus esfuerzos, los apoya en los momentos de fracaso, es flexible en la realización de los programas concordados, da más valor a la coparticipación que al triunfo, sabe afrontar los obstáculos con paciencia, cree en la dignidad, capacidad e igualdad de los demás.

6. Estilo De Vida

El animador/a que vive personalmente la dimensión de JPIC de su vocación, tendrá más posibilidades de ser aceptado por los hermanos y se tendrán más en cuenta sus ideas. El amor a los pobres, el estar cerca de ellos, apoyar sus organizaciones y causas, esforzarse verdaderamente por vivir con sencillez, son esenciales para un animador de JPIC. Quien recibe el encargo de ser animador de JPIC, debe examinar su propio estilo de vida de manera crítica, constructiva y fraterna. Hay que corregir y evitar las contradicciones. No se puede criticar el esfuerzo sincero. Nadie espera la perfección, pero pocos herma nos olvidarán fácilmente las contradicciones que no se procuran corregir. El lugar donde vivimos, lo que poseemos, las personas con quienes nos relacionamos, las cosas en que gastamos el dinero, nuestros amigos… son otros tantos indicios de nuestra realidad profunda. El modo de reaccionar ante las provocaciones y contradicciones reflejan nuestra paz interior y nuestra actitud no violenta. ¿Participamos plenamente en la vida communitaria? ¿Asumimos la parte de responsabilidad que nos corresponde? Pareja a nuestro celo por los más pobres, enfermos y excluidos debe ser nuestra compasión con los hermanos enfermos, ancianos o «difíciles». ¿Cómo demostramos que respetamos verdaderamente la creación?

7. Trabajo En Coordinación Con Los Demás

Muchos hermanos realizan una excelente actividad pastoral. Su arduo trabajo les produce a menudo cansancio y estrés. Es una lástima que no se valore debitamente el trabajo realizado en coordinación con los demás. Muchos coordinadores de JPIC pierden valiosas oportunidades de entrar en conexión con otras personas o grupos que trabajan en los mismos temas, en la propia nación o en otras partes del mundo. No aprecian la importancia de la solidaridad internacional y del trabajo coordinado al servicio de los marginados. Una de las quejas que suelen hacerse a los religiosos de los grandes Institutos es que se consideran autosuficientes y no son capaces de trabajar en coordinación con otros. No apoyan a los grupos interreligiosos, a las organizaciones no gubernamentales o a las personas que se dedican a estos asuntos. Se repite mucho trabajo, cuando sería más eficaz aprovechar adecuadamente las oportunidades comunes.

Las decisiones que afectan a las personas se toman generalmente en centros superiores sobre los que no pueden influir los individuos por separado. Las decisiones nacionales e internacionales repercuten en los pobres a quienes servimos. Hemos de buscar el modo de influir en esas decisiones a la luz del Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia. Esta es la razón básica de nuestra presencia en las Naciones Unidas, mediante nuestras ONGs, y en el servicio de JPIC en otros sedes como en Washington y Genebra.

La comisión de JPIC de la Conferencia Episcopal de Sudáfrica tiene cuatro funcionarios profesionales dedicados de tiempo completo a estudiar y elaborar documentos de política económica y social.

Su trabajo es tan importante que el Gobierno les pide que colaboren en la redacción de documentos políticos y de leyes. Este trabajo es verdaderamente parte integrante de la evangelización. Es menester procurar influir constructivamente en la política de los gobiernos, de manera que no tenga repercusiones negativas sobre los pobres.

8. Formación Permanente

La mayoría de los coordinadores de JPIC carecen de formación específica. Muchos de ellos sienten una pasión profunda por los temas relativos a los pobres, tienen experiencias prácticas, pero carecen de conocimientos y de técnicas sobre JPIC. Nuestra formación teológica y filosófica con frecuencia no nos ofrece los medios necesarios para comprender y tratar los complejos mecanismos que afectan a las personas y al medio ambiente. El buen misionero/a aprende de la experiencia. Los animadores de JPIC poseen una experiencia limitada, algunos conocimientos y enormes retos. Varios manuales de han sido redactado con el fin de ayudar a los animadores, pero no es una panacea. El animador/a de JPIC tiene que seguir los acontecimientos del mundo, ha de hacer un análisis crítico de la realidad y aplicar los principios del Evangelio. Debería haber cursos de economía, doctrina social de la Iglesia, derecho, ecología, derechos humanos… La mayoría de los animadores de JPIC tienen muchas otras responsabilidades y los cursos a la larga no siempre son realistas.

Conclusión

En muchas Provincias y Conferencias de nuestras congregaciones ha habido un alentador progreso en la animación de los valores de JPIC y se han llevado a cabo numerosas y excelentes iniciativas. Se ha dicho, y por desgracia es verdad, que la doctrina social de la Iglesia es su secreto mejor guardado. El animador de JPIC no debe esperar que los demás aprecien y comprendan inmediatamente su trabajo, aunque haya una infinidad de justificaciones evangélicas y de argumentos de nuestras fuentes que destacan la importancia de los valores de JPIC. El animador de JPIC debe estar convencido/a de que la encarnación de los valores de JPIC en la vida y en el ministerio de los hermanos es indispensable para la edificación del Reino de Dios, a cuyo servicio está la Buena Noticia. Ayuda a sembrar las semillas del Reino; el Señor ya hará que den fruto en el tiempo que Él ha determinado. Las actitudes derrotistas son ajenas al perfil de un buen animador de JPIC. Si una determinada estrategia de animación no logra el triunfo deseado o encuentra resistencia, hay que hacer una evaluación atenta y seguir otro camino. El animador/a busca soluciones y no se siente aplastado/a o triste por la enormidad de los retos. Nuestra libertad de acción es mucho mayor cuando nos reconocemos instrumentos de Dios y simples colaboradores en la solución de los problemas.

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