OSA

Orden de San Agustín

"Anima una et cor unum in Deum!" (Regula)

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Pensamiento de San Agustín
Señor, todo lo que soy, lo soy gracias a tu misericordia.
(Serm. 16A,6)
Señor, enséñame lo que debo enseñar. Enséñame lo que sobre todo debo conocer y contemplar.
(Carta 166,10)
Señor, enséñame lo que debo enseñar. Enséñame lo que sobre todo debo conocer y contemplar.
(Carta 166,10)
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Navidad 2013

Queridos hermanos y hermanas:

La celebración anual de la Navidad es una oportunidad para ponerme en comunicación con todos vosotros y enviaros mi felicitación y abrazo fraternos. Con palabras de san Agustín os digo: “Exultad de gozo vosotros, los justos: ha nacido el que os justifica. Exultad vosotros, los débiles y los enfermos: ha nacido el que os sana. Exultad vosotros, los cautivos: ha nacido el que os redime. Exulten los siervos: ha nacido el Señor. Exulten los hombres libres: ha nacido el que los libera. Exulten todos los cristianos: ha nacido Cristo” (Sermón 184,2).

Quisiera, al mismo tiempo, compartir con vosotros unas sencillas reflexiones desde mi experiencia –todavía breve– como servidor de la Orden en la caridad, que, además pueden ayudarnos a leer los distintos mensajes y documentos del CGO’13 que pronto llegarán a vuestras manos.

He podido visitar algunas circunscripciones, entrar en contacto con otros Institutos religiosos y, sobre todo, participar en la LXXXII Asamblea de la Unión de Superiores Generales (USG), celebrada en el Salesianum de Roma, del 27 al 29 de noviembre. Al final de esta asamblea, el sábado por la mañana, hubo un encuentro con el Papa en el Vaticano no limitado a una audiencia protocolaria, sino –a petición del mismo Papa– de toda una mañana, en la que respondió fraternalmente a las preguntas de los superiores, añadiendo anécdotas personales y vivencias de su experiencia pastoral, y comunicándonos que el año 2015 estará dedicado a la Vida Consagrada.

El Papa Francisco mencionó los cuatro pilares de la formación: espiritual, intelectual, comunitario y apostólico. Ante todo, Formación espiritual para que nuestra vida hable claramente de Dios. ”No se pueden llenar los seminarios con cualquier tipo de motivaciones, y menos si éstas se relacionan con inseguridades afectivas, búsquedas de formas de poder, glorias humanas o bienestar económico” (Evangelii gaudium, 107). Formación intelectual para hacer posible el diálogo con el mundo contemporáneo que la fe y la razón avancen juntas de un modo nuevo y entren en diálogo con todas las culturas. “Se trata del encuentro entre la fe, la razón y las ciencias, que procura desarrollar un nuevo discurso de la credibilidad, una original apologética que ayude a crear las disposiciones para que el Evangelio sea escuchados por todos” (Evangelii gaudium, 132). Formación comunitaria porque, si Jesús vino para recomponer lo desintegrado y realizar la “reunión de todos los hijos de Dios que estaban dispersos” (Jn 11,52), resulta evidente que la comunión es el sentido último y central de la misión de Cristo: una comunión que, comenzando por los suyos (cf. Jn 17,20-23), va mucho más allá del propio circulo, para alcanzar a los hombres de todos los tiempos. De hecho "El kerygma tiene un contenido ineludiblemente social: en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros. El contenido del primer anuncio tiene una inmediata repercusión moral cuyo centro es la caridad." (Evangelii Gaudium 177)

Finalmente, la formación apostólica ra “una Iglesia en salida” (Evangelii gaudium, 20) porque “La actividad misionera «representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia» y «la causa misionera debe ser la primera»” (Evangelii gaudium, 15).

Apoyados sobre estos cuatro firmes pilares formativos, los religiosos “Son hombres y mujeres que pueden despertar al mundo. La vida consagrada es profecía. Dios nos pide que dejemos el nido que nos arropa y que salgamos a los confines del mundo evitando la tentación de someterlos. Esta es la forma más eficaz de imitar al Señor”.

Algunas de las ideas expresadas por el Papa forman parte y están ya integradas en el texto que –elaborado en el Capítulo General Intermedio de 2010, celebrado en Filipinas que hoy es actualidad por haber sufrido los efectos devastadores de un terremoto y un tifón– se aprobó en septiembre pasado con motivo del Capítulo General 2013. “Preocuparse por la aplicación del valor agustiniano de la unidad y de la comunión nos parece un desarrollo natural que brota de la conciencia que tenemos de nuestra profesión religiosa, que se hace, en última instancia al Prior General, acompañada de la afiliación a una Provincia o Vicariato. Esta reflexión nace de los resultados positivos que, lo sabemos, proceden de iniciativas de colaboración en una parte de las Circunscripciones de la Orden en los últimos años, así como de la necesidad de abordar de un modo decidido desafíos de colaboración en otras áreas. Deseamos promover a todos los niveles, y dentro de cada espacio de nuestra vida religiosa y nuestras estructuras, los dones de la unidad y la comunión para experimentar profundamente la riqueza de nuestra espiritualidad y ser instrumentos y heraldos más efectivos de estos bienes en la Iglesia y en la sociedad“ (La unidad de la Orden al servicio del Evangelio, 7).

El mapa geográfico de la Orden es hoy más amplio y estamos llamados a ser fermento y testimonio de comunión y de unidad. “La misma vida fraterna es un acto profético, en una sociedad en la que se esconde, a veces sin darse cuenta, un profundo anhelo de fraternidad sin fronteras” (Vita Consecrata, 85). Si como agustinos no es éste el empeño personal y comunitario, incumplimos una de las exigencias básicas de nuestro carisma.

Conviene releer la observación llena de sabiduría y oportunidad que hacía el beato Juan Pablo II a los participantes en el Capítulo General de 1995: “Un problema común a vuestra Orden y a otras que tienen tras de sí muchos siglos de historia, es el de la colaboración dentro del instituto entre los diversos or­ganismos que lo componen. La estructura jurídica, antigua y venerable, no siempre se adapta a la movili­dad y a otras características de los tiempos nuevos. Ello no deja de tener consecuencias negativas sobre la efica­cia apostólica y también sobre la vitalidad misma del compromiso religioso. Estoy convencido que el bien de la Iglesia y de la Orden será siempre para vosotros el principal criterio de discernimiento, en el caso que sea necesario algún sacrificio o la renuncia a algún derecho adquirido, para que la acción apostólica sea más incisi­va, o para adoptar estructuras o actividades hasta ahora no previstas por la praxis ordinaria”. (Juan Pablo II, 23 de septiembre de 1995, n. 4). (La unidad de la Orden al servicio del Evangelio, 30).

Podemos comprobar que los proyectos de mayor audacia y alcance evangelizador que lleva adelante la Orden son aquellos que están respaldados por la colaboración de distintas circunscripciones. Allí donde hay unidad hay vida y donde reina el individualismo y falta el sello de lo comunitario, ni se percibe el carisma agustiniano ni hay señales de Evangelio. “Por ello –señala el Papa Francisco en su última exhortación apostólica– me duele tanto comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?” (Evangelii gaudium 100).

“La crisis del compromiso comunitario” es el título del capítulo segundo de este importante documento donde el Papa traza los caminos de la nueva evangelización. Aunque el contenido se refiere a temas como la economía, la desigualdad que genera exclusión y violencia, y las distintas formas de enfrentamiento entre los pueblos, nosotros podemos aproximar este texto a nuestra vida y confesar con humildad el debilitamiento del sentido de pertenencia y la falta de pasión por la comunidad. Dos actitudes que desgastan las convicciones fundamentales y conducen a la desilusión y al pesimismo estéril. Como exclama el Papa Francisco en una frase que podríamos ser consigna para todos los seguidores de san Agustín, “¡No nos dejemos robar la comunidad!” (Evangelii gaudium, 92).

He pedido a todos los superiores Mayores de la Orden que vengan a Roma en junio de 2014 para hablar sobre la situación de la Orden, más allá de los límites de las actuales provincias. Debemos revisar los límites que existen en nuestras comunidades y en nuestras Circunscripciones para que eso pueda ser llevado a cabo con buenas disposiciones. Debemos prepararnos para la nueva vida examinando como vivimos efectivamente los cuatro pilares de la formación. De este modo podremos llevar fielmente el don de nuestro compromiso común, nuestro don de profecía para nuevas gentes y nuevas tierras.

En el marco entrañable de la Navidad, os invito a todos a asumir delante del Jesús niño la tarea de “cuidar a los más frágiles de la tierra” (Evangelii gaudium, 209). San Agustín decía a sus fieles: “He aquí que, con el favor de Dios, estamos en el invierno. Pensad en los pobres, en cómo vestir a Cristo desnudo. (…) Cada uno de vosotros espera recibir a Cristo sentado en el cielo; vedle yaciendo en un portal; vedle pasando hambre, frío; vedle pobre,” (Sermón 25, 8). La Navidad es convocatoria para recuperar la frescura original del Evangelio y de la espiritualidad agustiniana, para recordar que “el Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura” (Evangelii gaudium, 88), a ser hombres que oran y trabajan, que leen y oran la Palabra, que contagian esperanza y entregan su vida en la misión.

Os emplazo a todos al misterio y a la alegría de la Navidad de la mano de María –Madre del Evangelio viviente– “la amiga siempre atenta para que no falte el vino en nuestras vidas” (Evangelii gaudium, 286).

Con mi felicitación, mi oración y mi abrazo de hermano.

Alejandro

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