OSA

Orden de San Agustín

"Anima una et cor unum in Deum!" (Regula)

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Pensamiento de San Agustín
Acerquémonos, acudamos a esta cena y saciémonos. Y quién viene a esta cena sino los mendigos, los enfermos, los cojos y ciegos? Deja que vengan los mendigos pues nos invita Aquél que se hizo pobre por amor nuestro.
(Serm. 112,8)
Auyenta mi locura, Señor, para que pueda conocerte. Muéstrame el camino que debo hacer para poder verte. Así ayudado, espero hacer lo que me has mandado.
(Soliloquios,1,1)
Señor mi Dios, escucha mi oración. Considera piadosamente mi deseo, que no me toca sólo a mi mismo, sino también al bien del prójimo.
(Confesiones 11,2)
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San Fulgencio de Ruspe, obispo

Enero 3

Fulgentius vivió en una de las etapas más críticas de la antigüedad:la caída del Imperio Romano de Occidente y el nacimiento de un nuevo modelo de sociedad. Su fortaleza de espíritu se sobrepuso a las sangrientas persecuciones religiosas del siglo V y supo ser guía de monjes y laicos. Aunque su pertenencia a una familia de senadores le abrió las puertas para ocupar cargos en la administración pública de su tiempo, la lectura de algunas obras de san Agustín influyó en su decisión de elegir la vida monástica. Pensó en una vida humilde y retirada, pero tuvo que aceptar el ministerio sacerdotal y, más tarde, el episcopado de Ruspe, ciudad costera de la actual Túnez. Sin embargo, como su maestro Agustín de Hipona, continuó siendo monje y vivien- do en comunidad. El mismo año de su consagración como obispo de Ruspe –hacia el 502– fue desterrado a la isla de Cerdeña junto con otros obispos. Por su fama de teólogo, fue llamado a la corte real de Cartago, aunque sufrió un nuevo exilio por enfrentarse al arrianismo. En Cagliari (Cerdeña) fundó un monasterio de monjes y se dedicó a una extensa producción literaria y teológica. Al morir el rey Trasamundo, su sucesor cambió la política de su relación con la Iglesia y llamó a todos los obispos desterrados. De este modo, Fulgencio regresó a su diócesis de Ruspe, donde compaginó la vida intelectual y la participación en varios concilios con el gobierno y la reforma de su diócesis. Por la semejanza de algunos capítulos de su vida con la biografía de san Agustín y la admiración que expresó por él, fue llamado en la Edad Media “El Agustín abreviado”. Consideró el pensamiento agustiniano como magisterio seguro y la Familia Agustiniana le considera miembro de pleno derecho. Parece muy probable que el monacato agustiniano llegara a Cerdeña con san Fulgencio de Ruspe. En el centro de Francia se profesa especial devoción a san Fulgencio de Ruspe ya que, según la tradición, sus restos se veneran en Bourges.

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