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Orden de San Agustín

"Anima una et cor unum in Deum!" (Regula)

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Pensamiento de San Agustín
Señor Dios nuestro, bendícenos, para que no te perdamos. Si permanecemos contigo, ni te perderemos ni nos perderemos.
(Serm. 113,6)
Tú que existes desde siempre, antesque nosotros y el mundo, te has convertido para nosotros en refugio en el cual nos hemos vuelto hacia ti.
(Enar.salmo 89,3)
Nosotros somos la santa Iglesia. Pero no digo ¨nosotros¨ indicando a los que estamos aquí, los que me escucháis. Entiendo todos nosotros que somos cristianos fieles en esta iglesia por medio de la gracia de Dios... Esa es la Iglesia católica, nuestra madre verdadera, la esposa de tan gran esposo.
(Sermón 213,7)
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Beata Cristina de Espoleto

Febrero 13

Su biografía está envuelta en datos y nombres difíciles de contrastar. Dicen algunos que perteneció a la familia de los Visconti de Milán, otros la consideran emparentada con los Semenzi de Calvisano, no distante de Brescia. Se conoce a ciencia cierta – eso sí –, que era una joven físicamente agraciada y parece que contrajo dos veces matrimonio por haber enviudado de su primer esposo. ¿Fue una convertida? También la respuesta es imprecisa. Buscó voluntariamente el olvido y lo logró hasta el punto de no contar con datos exactos sobre su biografía.

Los hagiógrafos concuerdan en decir que, a partir del año 1450, decidió cambiar de vida y de nombre. A partir de ahora se llamaría Cristina. Habitó varios conventos como agustina secular, pero no permaneció mucho tiempo en ninguno para huir de toda popularidad y vivir en el olvido más absoluto, dedicada a la penitencia, la oración y las obras de misericordia con los necesitados. En 1457, deseosa de visitar los lugares santos de Asís, Roma y Jerusalén, comenzó una peregrinación. En compañía de otra terciaria, llegó a Espoleto – en la provincia de Perugia (región de Umbría), en las estribaciones de los Apeninos –, donde permaneció hasta el final de sus días, dedicándose a la asistencia de los enfermos en el hospital de la ciudad.

El 13 de febrero de 1458 – quizá sin haber llegado a los treinta años – entregó su alma al Señor, con gran fama de santidad. Su cuerpo fue sepultado en la iglesia de San Nicolás de Espoleto, regida entonces por los agustinos. Numerosas gracias y milagros atribuidos a su intercesión contribuyeron a difundir el culto surgido inmediatamente después de su muerte, que Gregorio XVI ratificó en 1834 proclamándola beata. Destaca en su vida su deseo constante de conversión.

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