Categories: De la Orden
      Date: Apr 16, 2017
     Title: Mensaje de Pascua del Prior General

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN
A TODOS LOS AGUSTINOS, AGUSTINAS
Y FRATERNIDADES DE LA ORDEN

Querido hermano y hermana:

No quiero dejar pasar este Triduo Pascual sin expresarte mis sentimientos y una breve reflexión. También me gustaría conocer tu propia experiencia sobre Jesús muerto y resucitado y ojalá en alguna circunstancia podamos compartirla.

Aquí acabamos de celebrar la Pasión del Señor y puedo decir que me invade una alegría serena, quizás signo de una libertad más profunda y de una armonía mayor con los hombres y con el Señor. Podría apropiarme de estas palabras dichas por un teólogo: “En lo sucesivo, la muerte ha dejado de ser para mí un problema, aunque sigue siendo un misterio. No puedo penetrar en el misterio, pero, en medio de la oscuridad, él ilumina mi existencia”.

El Viernes Santo es un día especial para sentir el dolor del mundo, el dolor de la historia y “el dolor de Dios”, si así podemos hablar. El recuerdo de los hermanos agustinos que sufren violencia en algunas de nuestras circunscripciones, las inundaciones sufridas por tantas personas dejándoles sin casa en lugares de América Latina donde estamos presentes, o los últimos niños fallecidos en las diversas guerras, o por falta de alimento o porque sus padres les han abandonado, las imágenes de tantos migrantes abandonados... y los hermanos agustinos que sufren algún tipo de dolor en nuestras casas. Todos ellos estaban en mi corazón que ante la cruz pedía a Dios su bendición y misericordia para todos.

Este sufrimiento es el que cada uno de nosotros estamos llamados a combatir. ¿Cómo? Desde la humildad y la comunión con todos los hermanos y con todos los hombres que, a su manera, se sublevan y rebelan contra el sufrimiento y luchan para hacerlo desaprecer de la tierra.

Humildad, “teniendo los mismos sentimientos de Cristo”, para despojarnos de nuestra soberbia y del pecado, raíz de todo mal, y abrir así nuestro ser a la misericordia de Dios, a la vida, que nace del encuentro de un corazón sencillo y humillado con el Amor en Cristo muerto y resucitado. La humildad abre siempre nuestro ser al encuentro con Dios.

La comunión con los hermanos, es decir, la unidad en la caridad. Este es el don que Cristo muerto y resucitado nos ha dejado para gozar en la experiencia agustiniana. No nos olvidemos que el amor fraterno es el lugar privilegiado de la auténtica experiencia de Dios. Sólo así, nuestras comunidades, viviendo la experiencia de la fraternidad, pueden tener sentido. Es desde esta expereincia de encuentro con el otro, como anunciamos el sentido pascual contra el dolor y el sufrimiento, y nos convertimos para quienes nos ven y encuentran en lugar de paz y de vida, la que nos ha dado Dios en Jesús resucitado.

El valor de la comunidad, como lugar de amor fraterno, es que, además de anticiparme el gozo pascual, dinamiza mi voluntad de trabajar en la tierra, y me impulsa a abrirme a los demás y a trabajar contra el mal y el sufrimiento, imitando al profeta de la misericordia de Dios, Jesús, para que reine el amor ya aquí abajo. Hoy, quizás más intensamente, creo en el Amor de Dios, ese amor que un día demostró ser más fuerte que la muerte al resucitar a Jesús de Nazaret, primicia de nuestra propia resurrección. Y creo en Jesús resucitado, en quien el Amor de Dios, rompió las ataduras del pecado y de la muerte.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN A TODOS!

P. Alejandro Moral Antón
Prior General, OSA