Categories: De la Orden
      Date: Feb 27, 2016
     Title: Fallecimiento del obispo John Conway McNabb OSA

El obispo John Conway McNabb, OSA, falleció en la madrugada del 26 de febrero de 2016, a la edad de 90 años. Fue el primer obispo de la diócesis de Chulucanas, Perú (creada como prelatura en 1963 y elevado a la categoría de diócesis en 1988).

John McNabb, nacido en Wisconsin, EE.UU., en 1925, ingresó en la Orden de San Agustín después de terminar sus estudios secundarios y profesó sus primeros votos en 1945. Después de su ordenación sacerdotal en 1952, trabajó en varios colegios de la Provincia de Chicago. También fue secretario provincial durante varios años. Uno de sus estudiantes en la escuela secundaria Mendel High School fue Daniel Turley, que más tarde ingresó en la Orden y es el actual sucesor del obispo McNabb como el segundo obispo de Chulucanas.

El obispo McNabb fue nombrado prelado de la prelatura de nueva creación de Chulucanas y, como tal, participó en la última sesión del Concilio Vaticano II. Fue ordenado obispo en 1967 y continuó sirviendo como obispo de Chulucanas hasta su retiro en 2000.

Agustinos participantes en el Concilio Vaticano II. John McNabb (segunda linea, segundo de la derecha)

Durante sus más de 30 años de servicio episcopal en Perú, el obispo McNabb fue un líder valiente, ofreciendo su visión profética y valiente a la Iglesia local y también a través de la Conferencia Episcopal Peruana en la que era muy conocido y respetado. Fue fundamental en la puesta en práctica del programa de pastoral "Nueva imagen de la Parroquia" del Movimiento para un Mundo Mejor. Chulucanas fue la primera diócesis de Perú en adaptar el programa pastoral que desde entonces ha sido adoptado por numerosas diócesis en Perú y en otros muchos países; un programa que aplica de manera efectiva los principios del Concilio Vaticano II en la renovación de la vida de la Iglesia, trabajando para crear comunidades en las que los laicos estén formados para asumir papeles activos y comprometidos en la vida de la parroquia y de la diócesis.

El obispo McNabb fue amado y respetado por sus sacerdotes, los agustinos y otros religiosos y laicos que han trabajado en la diócesis y por muchos fieles amigos. Su legado vivirá durante muchos años.