OSA

Orden de San Agustín

"Anima una et cor unum in Deum!" (Regula)

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Pensamiento de San Agustín
Tú, oh Verdad, me has acompañado en mi camino, enseñándome lo que debo evitar y lo que debo desear.
(Confesiones 10,40)
Sólo él puede liberartede la muerte del cuerpo, él que murió en el cuerpo por ti.
(Serm. 26,9)
Señor Dios nuestro, bendícenos, para que no te perdamos. Si permanecemos contigo, ni te perderemos ni nos perderemos.
(Serm. 113,6)
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Fallecimiento de P. Modesto Santamarta Yugueros OSA


P. MODESTO SANTAMARTA YUGUEROS (1921-2016)

Hace ocho años, el P. Modesto publicó un libro que lleva por título Reflexiones. Buscando la verdad. Recoge breves textos sobre diversos temas que él fue elaborando, principalmente, durante sus primeros años de trabajo pastoral en la Parroquia Ntra. Madre del Buen Consejo de León (España). Buscar la verdad en las cosas es tarea obligada de cualquier ser humano. El P. Modesto buscó desde niño, en el ambiente familiar de profundas convicciones de sus padres Daniel y María del Carmen, la verdad sobre Dios pero, en realidad, fue la Verdad misma, escrita con uve mayúscula, la que lo encontró a él y lo llamó a ser agustino y sacerdote. El P. Modesto fue ordenado sacerdote el 31 de marzo de 1945, cuando faltaban exactamente seis meses para que la Segunda Guerra Mundial tocase a su fin. Tenía él entonces casi 24 años. Del obispo que le impuso las manos tuvo que escuchar con atención dos verdades que grabó en su corazón con el fuego del amor e hizo suyas hasta el último aliento. Una, que el sacerdocio que recibía en aquellos instantes no era algo puntual sino que, muy al contrario, lo comprometía para siempre. Otra, que ese sacerdocio no le pertenecía realmente: era de Cristo, que lo había escogido a él como instrumento para colocarlo como padre, hermano, amigo, consejero, confidente y consuelo de todo hombre y mujer que se cruzase con él a partir de aquel momento. A cambio, tocaba al P. Modesto ofrecerse a todos altruistamente sin quedarse nada para sí. A lo largo de sus casi 95 años de fecunda vida, el P. Modesto halló miles de maneras distintas de llevar a la práctica las consignas que escuchó del obispo que lo ordenó. Muchos son los que se han beneficiado en más de una ocasión de ese modo desinteresado, sereno pero vigoroso, incombustible y paciente que el P. Modesto tuvo de ejercer el sacerdocio. Muchos han sido testigos de que hasta el mismísimo día en que su debilitada salud se lo permitió de manera irreversible, el P. Modesto pasaba incontables horas en el confesionario. Inspirado sin duda en María Madre del Buen Consejo, muchos y buenos fueron los consejos que el P. Modesto dispensó incansablemente para que personas de toda condición y edad encontrasen cómo caminar por las sendas de misericordia que Dios nos ofrece para alcanzar el perdón.

Sacerdote, sin duda, el P. Modesto fue, desde mucho antes, agustino. Poco podía imaginarse él que el cariño y el tesón con que se aplicó a los estudios de filosofía y teología y la seriedad con que se tomó los votos que pronunció por vez primera el 30 de octubre de 1938 iban a hacer que sus superiores pusieran pronto sus ojos en él. Ocupó cargos de responsabilidad y comenzó su carrera docente como profesor de Filosofía en la Universidad de Goiania (Brasil). En la Provincia de Castilla fue Secretario Provincial de 1960 a 1963. Por dos períodos consecutivos, de 1963 a 1969, fue elegido Prior Provincial. Los años en que el P. Modesto sirvió en estos puestos no fueron, ciertamente, fáciles para ningún superior religioso. Coincidieron con aquella época de vaivenes en la Iglesia que caracterizó a los primeros intentos de implantación de las directrices del Concilio Vaticano II. Mucho sufrieron las órdenes religiosas, y los agustinos no fuimos una excepción. Con todo, él supo arriesgar en lo nuevo sin dejar de encauzar al mismo tiempo lo antiguo para extraer su mejor porción. Concluido su mandato como prior provincial, el P. Modesto, después de una breve estancia de dos años en Valencia (España) como Prior y Director del Colegio Santo Tomás de Villanueva, fue llamado a Roma para formar parte del equipo de gobierno de la Orden de San Agustín.

Así, desde 1971 hasta 1977 ocupó el cargo de Asistente General, lo que lo obligó a viajar por multitud de países y a tomar de este modo contacto con muchas y distintas realidades sociales, políticas, culturales y religiosas que enriquecieron todavía más su espíritu inquisitivo. Fue Asistente General durante el primer periodo de gobierno del P. Theodore Tack. Mucho ayudó el P. Modesto al P. Tack en aquellos complicados años del postconcilio. Durante estos seis años de servicio en la Curia General, su eficacia, comprensión y cordialidad resultaron de gran ayuda a muchos hermanos, mostrándose siempre como auténtico padre para ellos.

Hay otra faceta en la vida del P. Modesto que merece ser destacada: su labor como profesor en los colegios Nuestra Madre del Buen Consejo de León, Santo Tomás de Villanueva de Valencia y San Agustín de Alicante. El P. Modesto demostró poseer un talante especial para conectar con niños y adolescentes. Conseguía transformar las clases de Religión en ventanas y puertas por las que sus alumnos dejaban entrar el aire de la reflexión sobre cuestiones profundamente humanas y decisivas. Su despacho era un continuo vaivén de rostros juveniles que entraban con sus preocupaciones y salían de allí aliviados, reconfortados y serenos. Dedicó también mucho tiempo a recomponer familias, a orientar vocacionalmente a muchos jóvenes y a ayudar a todo aquel que supiese ver en él lo que realmente fue: un hombre de profunda y sólida fe, de arraigadas convicciones y de mente tan porosa y abierta que sabía acercarse y escuchar a todos sin pedirles a cambio que creyesen en Dios con la intensidad con que lo hizo él.

De San Agustín es la frase “a los difuntos no se les honra rindiéndoles culto sino imitándolos” (De vera religione 55, 108). El Dios de toda misericordia reciba con honores al P. Modesto y nos dé a nosotros fuerzas para imitarlo en las muchas virtudes con las que siempre se entregó generosamente a sus votos como agustino, al ministerio sacerdotal, a la docencia y al servicio de la autoridad. Descanse en paz.

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